Andar preocupándose por el éxito de la política y juzgar los objetivos de la misma midiéndolos en base a ilusiones, ideales u otros criterios que sólo existen en las mentes de algunos pensadores, en eso consiste una teoría burguesa del Estado. Recomendarle encarecidamente a un público ávido de saber en qué debe pensar y cómo ha de pensar acerca de ello que se haga cargo de las preocupaciones de los políticos, en eso reside la contribución de la Prensa a las ideas políticas de los ciudadanos. Y la única pregunta que se supone que éstos últimos se planteen ‑independientemente de qué cuestión nacional se trate, ya sea de la economía, los preparativos de guerra o la falta de valores en la sociedad‑, es: ¿quién, en vista de los problemas nacionales, es el mejor político? En esto reside la contribución de los ciudadanos al sistema.
Personas que mantienen una actitud tan devota hacia el Estado ‑venga la misma adornada o no con “reflexiones críticas” o bien con “datos sobre los antecedentes del caso”-, considerarán, sin duda alguna, un libro que no hace más que exponer los objetivos y la razón de ser del Estado “moderno” como un libro muy limitado o, simplemente, como demasiado “abstracto y teórico”. Un libro en que se explica, por ejemplo:
Todas éstas son verdades impopulares, pero que no dejan de ser verdades.